Matrimonio y Familia

Matrimonio y Familia
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EL PLAN DE DIOS PARA EL MATRIMONIO Y FAMILIA.

Capítulo 1: Matrimonio: Relación primordial.

En el principio Dios hizo todo bueno y perfecto incluyendo el matrimonio, la primera institución creada por El. (Génesis 1:27-28).

HOGAR > Trabajo > Sociedad > Iglesia.

El matrimonio es la base del hogar y este es la base de la sociedad.

La Naturaleza del Matrimonio.

El matrimonio como una unión fructífera y responsable entre un hombre y una mujer está compuesto de varios elementos:

Primer Elemento: El matrimonio fue instituido por Dios. La naturaleza del matrimonio comienza con el hecho de la Creación de Dios. Una institución que no se debe medir en números, sino que es dinámica y vivificadora. Dios creó esta institución para unir en ella a dos personas de sexo diferente, de orígenes diferentes, de características diferentes pero a la vez creadas el uno para el otro, para que lleguen a ser “Una sola carne”.

Segundo Elemento: Una unión natural. (Gen 2:24). Es unión creada para canalizar los instintos naturales del ser humano, incluyendo el sexo, pero no solo eso, sino que el original hebreo implica también la unión de personalidades que son diferentes pero que pueden llegar a una relación satisfactoria y placentera para ambos. Sin el sexo, hay algo incompleto en la persona que se puede compensar con un don especial “continencia” (1 Cor 7:7-9) o una devoción continua al servicio que se debe renovar por etapas.

Tercer Elemento: una unión exclusiva. No “varias carnes”, si no “una sola”. La tarea de satisfacer por completo a la pareja requiere tanto esfuerzo que intentar hacerlo varias veces de forma simultánea afecta la estabilidad y sanidad emocional y síquica del individuo. Al romper la exclusividad de esa unión, se afecta la estabilidad social también. La exclusividad de esta unión se da también con respecto a los padres de ambos y a sus familias. (“dejara a su padre y madre”). Lo ideal es que cada pareja tenga su propio techo (“el que se casa, casa quiere”). Esto implica libertad para el disfrute íntimo de la relación y cumplimiento de sus propias responsabilidades y prioridades.

Cuarto Elemento: Una unión permanente. Debe ser un compromiso libre al que se va con la firme intención de trabajar en el de tal modo que perdure “hasta que la muerte nos separe”. Ese es el ideal de Dios. Muchos se embullan por las características de la ceremonia y de los regalos. Otros lo evitan por temor a las implicaciones legales o por no sentirse “atados”. Dios espera que lleguemos al matrimonio tras un análisis hecho con cuidado, con la debida preparación y buscando su voluntad para acercarnos así lo más posible a ese ideal de Dios.

Quinto Elemento: Unión espiritual que tiene como base el amor. Este es un amor que puede cambiar, que puede fortalecerse, que se expresa de forma diferente en cada etapa pero que en su esencia es Amor tal y como Dios lo soplo en el humano. Este amor comienza generalmente por la atracción física, natural pero que se amplia y solidifica al identificar nuevas areas atractivas en el otro, sea en el carácter, principios o actuaciones. Este elemento nos lleva a una consideración y respeto el uno por el otro que le da aun al sexo una dimensión mayor (Colosenses 1: 17). Ese amor logra renovarse cuando vamos a la fuente de todo Amor: Dios mismo (Efesios 5:25-29).

Los Propósitos del Matrimonio.

Los elementos antes vistos son puestos por Dios en esta institución con el fin de que podamos lograr los propósitos, las metas que El ha concebido para el ser humano en este aspecto. Podemos señalar entonces dos tipos de propósitos buscados por Dios en el matrimonio: Propósitos creativos (positivos) y Propósitos preventivos (negativos).

Propósitos Creativos:
1- Compañerismo: (Gen 2:18) “ayuda idónea”. La mujer es la ayuda, no la esclava del hombre, su complemento en todas las areas de la vida. Lo mismo para la mujer. El ser humano es creado para vivir en grupo, necesita compañía y su mejor compañía es su pareja. “No esté solo”. Se necesita compañía antes que vengan los hijos, durante la crianza de ellos y cuando se van ellos. (2 Corintios 6:14)

2- Procreación: (Gen 1:28) “fructificad”… Traed hijos cumple con el diseño de Dios para la humanidad (“llenad la tierra”). Se espera que la llegada de hijos una más a la pareja, les ayude a madurar (de esposo a padre, de esposa a madre), les dé satisfacción (Salmo 127:3). Procrear significa “crear para otro”: crear para Dios. El tener hijos nos hace colaboradores de Dios en su plan.

3- Edificación mutua: Cuando se acerca al ideal de Dios para la pareja, estos constituyen fuente de inspiración, superación y madurez para sí mismo, para los hijos, familia y sociedad (1 Pedro 3: 3-4,7). La edificación mutua avanza cuando hay consideración, comunicación y respeto. Cuando se edifican mutuamente, (o dignifican, se superan o van parejos) crean también el ambiente adecuado para la edificación de los hijos. Así reciben las primeras enseñanzas, el comportamiento social adecuado, los principios espirituales, las bases del carácter. Influencias como estas dejan huellas (Efesios 6:4b).

4- Propagación de la fe: Pablo usaba mucho a los hogares para enseñar la fe (Rom 16:5, Hecho 5:42). Comenzando por los hijos, familia, vecinos, sociedad. Si Dios es el Padre y somos de su familia, algo de su Hogar celestial estará presente en el nuestro y servirá como “sal y luz” para otros. Edificamos con ejemplo y conducta esperando que de alguna manera Dios nos use como instrumentos para alcanzar a otros con su evangelio.

Propósitos Preventivos:

1-Control de las pasiones: El instinto natural es dado por Dios pero las pasiones viene de nuestras concupiscencias, por eso se establece que es mejor casarse que estarse quemado (1 Cor 7:). El celibato viene a ser un don especial dado y que permite tener los deseos naturales bajo control. Si no se tiene, es mejor casarse que andar dando escándalos. El matrimonio entonces es la vía para aquellos que no tiene ese don y que evita la degradación del individuo (lascivia).

2- Evitar la disolución de la sociedad: En Hb familia es “mishpajah” (tribu) lo que da idea de un vinculo más allá del circulo cercano y que se adentra en lo que hoy consideramos sociedad. Por tanto, todo lo que vaya contra la estabilidad de la familia atenta contra la estabilidad social. Por eso el adulterio, fornicación, idolatría etc. Eran tan condenados entre los hebreos pues a la postre afectaban a toda la tribu (sociedad).

El propósito de Dios para la familia debe tener su expresión más completa en el Hogar cristiano donde se debe poner de manifiesto la superioridad de Cristo y sus enseñanzas. Al relacionarnos primero con Cristo, aprendemos a tener una mejor relación matrimonial, familiar y social. En Cristo podemos alcanzar el máximo de nuestro potencial (plan de Dios) y los beneficios de esta relación son mayores, eternos.

Capítulo 2: Ajustes en el matrimonio.

Un matrimonio feliz requiere arte y trabajo. El arte viene en las habilidades que se adquieren y aprenden con el tiempo, y trabajo porque hay que emplearse a fondo y hacer sacrificios para lograr el éxito. Hay varios aspectos de la relación matrimonial que deben entenderse primero y con los que
se deben trabajar al paso del tiempo para lograr buenos resultados.

1- Ajustes en el Amor: ¿crece y mejora?
El Amor es el mayor motivador en las relaciones humanas. Este va de la mano con el valor, forjado en el deber, probado en el sufrimiento, endulzado en la ternura, fortalecido en la felicidad. El amor no es solo una emoción (¿amor a primera vista?) sino que abarca todos los sentimientos, el pensamiento y la acción y es en estas áreas donde puede crecer, madurar. El amor crece con A: ATENCION—- AFECTO—-APRECIO—–ADMIRACION (Leer en forma personal 1 Corintios 13: 4-8ª). ¿Es cierto esto en tu vida? Ora por ello. Esa forma de amar solo se desarrolla cuando dios reina en nuestros corazones (Rom 5: 3-5). Cristo puede hacer la diferencia en una relación cuando dejamos que El entre en ella y la moldee según sus enseñanzas y voluntad. El hombre como cabeza de la familia debe sentar la pauta en el amor. El término “ágape” se usa en La Biblia para expresar el amor profundo, sin retroceso, fiel y desinteresado del hombre hacia la mujer. Para la mujer se usa en Tito 2:4 el término “fileo” (amor tierno hacia alguien que necesita atención como hijo y/o esposo). Si el hombre ama con “ágape”, la mujer responderá con “fileo”. Aun cuando esto no se dé, la mujer puede tomar la iniciativa mostrando su “fileo” a través de su servicio (1 Pedro 3:1-6) al esposo, esperando que el reaccione mostrándole “ágape”. La Palabra de Dios nos pone como ejemplo para la relación amorosa del matrimonio a la relación de amor entre Cristo y su Iglesia (Efesios 5: 21-24).

2-Ajustes por la diferencia entre hombre y mujer.
Todos tenemos los mismos derechos y deberes pero existen diferencias que abarcan lo cultural, carácter, lo económico y en el género. Los hombres y las mujeres son diferentes en sus necesidades, esperanzas, emociones y en la forma en que lo expresan.
a) Necesidades femeniles: protección, cariño, amor. Busca la libertad para ser esposa, madre y para aportar a la unión de muchas formas (Prov. 31). Busca reconocimiento, afecto y aprobación. Le gusta “los pequeños detalles que hacen grandes un amor”. Para la mujer, sentir seguridad es su forma de sentirse amada y espera que se le exprese eso
a través de “detalles”. Ella busca un apoyo firme en el que se pueda confiar y le brinde seguridad, firmeza pero con delicadeza. Algo importante para ellas es que sea escuchada y que se le hable sin entrar en discusiones por lo “equivocada” que esta. Consejo para los hombres: “sabiduría, ante todo sabiduría” (Prov. 4:7).
b) Necesidades varoniles: sentir que es competente, confiable, valioso. Necesite que se le estimule a mostrar toda su capacidad, sin lecciones o regaños o ponerlo en ridículo comparándolo con otros. Una madre-esposa que lo atienda, entienda pero no lo domine, que lo ame y busque satisfacerlo. Que cuide del hogar mientras él se encarga del sustento. Responde mejor a la persuasión y seducción que a la presión, exigencias y regaños que
pueden poner entela de juicio su autoridad y virilidad. Consejo a las mujeres: “Yo soy de mi amado y conmigo tiene su contentamiento” (Can 7: 10).

3- Ajustes por las diferencias emocionales.
No solo hay diferencias en las necesidades, sino también hay diferencias emocionales, en cómo se responde a los estímulos y a las circunstancias que se viven.
a) El hombre es “hacedor”, “creador”, la mujer es “existencial”. El hombre se enfoca en lo que hace, la mujer en lo que es; ella tiende a la relación espiritual (Dios, iglesia), a buscar ayuda cuando hay problemas matrimoniales, a valorizar las relaciones personales.
b) El hombre es dado al riesgo y a asumir responsabilidades. La mujer es conservadora pero resiste más que el hombre.
c) El trabajo es una extensión para el hombre y la familia es una extensión para la mujer y cada cual admira lo que hace el otro. Esto debe expresarse y aceptarse sin olvidar que cada cual también tiene lugar y responsabilidad en la otra área. No vivir en el hogar a base de “contenidos de trabajo” pues esto trae individualismo y ruptura (“cada cual en su mundo”).
d) El hombre exterioriza, la mujer interioriza. El enfatiza sus relaciones públicas (negocios, deportes etc.), ella busca emplearse a fondo en su familia.
e) El hombre busca la conquista, la mujer el ser conquistada pero con suavidad y firmeza. El es sensible ante la duda de su capacidad, la mujer se sorprende pues lo cree capaz.
f) El hombre ve en ella lo externo, la hembra, lo físico. Ella lo ve como un proveedor a largo plazo.

4- Ajustes en las funciones matrimoniales.
En el proceso de ajuste se requiere que ambos se identifiquen con su función, que son parte de una unión, y que se trabaja en equipo donde cada uno tiene su lugar y no es menos importante (1 Cor 12:14-18). Aunque bíblicamente hablamos del hombre como cabeza del hogar, también es bíblico que
la mujer ejerce liderazgo en las áreas relacionadas con sus funciones. De ambos se espera que cumplan con sus deberes. Mucho se ha hablado y habla sobre “el sometimiento” de la mujer. Una palabra o concepto que para muchos no es “políticamente correcto”… Creemos que La Biblia habla del
sometimiento, no de la esclavitud o anulación de ella misma. En Cristo, todos somos iguales y todos debemos estar voluntariamente bajo su señorío (1 Cor 11:3). El sometimiento voluntario de la mujer es basado en la entrega total (amor) que el hombre manifiesta por ella. Entonces cada cual ocupara con gusto su lugar en esta “empresa”. (Efesios 5:21-23, Gálatas 3:28). El diseño de Dios para el matrimonio establece que en igualdad de condiciones, respeto y amor mutuo, cada uno tenga roles (papeles, funciones) especificas y con ellas satisfacer las necesidades del otro y del hogar “como una sola carne” entregándose por y con amor a la tarea estimulando el uso y desarrollo de los dones y capacidades que Dios doto a cada cual. Hay igualdad en derechos, en amor, en recibir estima y reconocimiento. Hay diferentes funciones a cumplir para lo cual Dios dio dones para con ellos servir y ninguno debe impedir el desarrollo de los mismo en el otro.

5- Ajustes en la intimidad.
La intimidad no solo se refiere al sexo sino a todo asunto interior y privado de cada individuo y de la pareja en sí. Esto es necesario pues con ella podemos combatir la soledad, satisface los instintos naturales y permite la manifestación visible de sentimientos y emociones que produce el ser amado. La intimidad es un camino, no una meta, un proceso, no un evento; es un modo de actuar, de pensar que se profundiza no por un acto u ocasión
sino durante todas las etapas de la relación. Hay diferentes áreas donde se puede trabajar la intimidad: en lo sexual, en lo emocional, en lo intelectual, en lo creativo, en las crisis y en lo espiritual por solo citar algunas. La intimidad puede crecer, pero también puede decrecer y morir. Cada pareja busca y desarrolla el tipo de intimidad propio. Sin intimidad, el amor puede acabar.
Condiciones para que la intimidad crezca y perdure:
A- Ábranse el uno al otro, comuníquense sus pensamientos y sentimientos en una conversación mesurada, sin gritos u ofensas. No se encierre en si mismo usando mascara o levantando paredes (silencio, ausencia, abandono).
B- Compartan las emociones: estar presentes, escucharse, buscar el sentirse cómodo el uno con el otro dejando de “actuar” y siendo tal y como es.
C- Interesarse por el otro: buscar hacerlo feliz, alegrarse en sus triunfos y dolerse en sus fracasos. Reconocer que su pareja tiene dones, capacidades y características que a Ud. le falta y es por ello “SU ayuda idónea”.
D- Afirmación de compromiso y fidelidad: tener el firme propósito que lo que se empezó junto, se debe terminar juntos y cuando vienen las dificultades están deben enfrentarse juntos y buscar juntos la solución.

6- Claves del compañerismo.
a) Mantener el noviazgo expresando el cariño y amor con palabras gestos y acción.
b) Coparticipación: armonía y cooperación mutua. (1 Cor 3:9, 1 Pedro 3:7). Que haya respeto mutuo, toma de decisiones juntos, dándose honor mutuo.
c) Aceptación de los roles de cada cual sabiendo que ello lleva a la complementación mutua, a la estabilidad y seguridad de la relación. Ver la sumisión de la mujer como la de la iglesia a Cristo que se entrego a ella con todo amor (Efesios 5). Como Cristo se sometió al Padre (Mat 26:39) así la mujer puede someterse y aun mas persuadir (1 Ped 3:1)
d) Siervos uno del otro: es un deber y una tarea la de servir el uno al otro, procurando la felicidad y el bienestar del otro. Si ambos piensan y actúan así, el amor no se acabara nunca.

Capítulo 3: Enfrentando los conflictos en el Matrimonio.

En toda relación se presentan dificultades y mientras más estrecha esta sea más conflictos pueden surgir. Se dice que un buen matrimonio no tiene ni un si ni un no, tiene un MILLON de sí y no. A lo largo del matrimonio se presentaran discusiones, peleas, “caritas” que se deben enfrentar en su momento para evitar que afecten a un mayor nivel. Los conflictos, también tienen su lado positivo ayudando a madurar como personas y como pareja, a entender nuestras fluctuaciones emocionales y cómo lidiar con nosotros mismos y con las variaciones de la otra parte.

Clases de conflictos.
Hay diferentes clases de conflictos y el identificarlos nos orienta mejor hacia una adecuada solución.
1- Conflictos derivados de las etapas por las que está pasando la pareja. En general, hay diferentes etapas a lo largo de la vida como pareja: ajustes iníciales, llegada de hijos, tensiones económicas, partida de los hijos etc. Cada etapa necesita ajustes que se hacen evidentes a través de los conflictos.
2- Conflictos derivados de las opiniones, posiciones y características personales. Cambio de planes sin consultar, promesas no cumplidas, respuestas airadas pueden frustrar la convivencia familiar.
3- Conflictos derivados de emergencias o imprevistos: pueden ser de tipo económico, de salud, espiritual. Cualquiera de estas u otras situaciones alteran el diario vivir familiar y puede traer depresión, ansiedad, agresividad a uno o varios miembros de la familia.

Causas de los conflictos.
Hay diferentes causas o factores en un conflicto y el identificarlas a tiempo ayudan en la resolución del mismo.

Factores de salud mental:
a) experiencias en la niñez: estas pueden marcar toda la vida. Rigidez o liberalidad en la educación, falta de amor, abuso físico o sicológico pueden generar una personalidad irritable, autodefensiva o autocompasiva. Necesitan que se le ayude a entenderse a sí mismos.
b) complejos de culpa: Hechos pasados que pudieron o piensan que pudieron ser evitados, cargas de faltas o pecados anteriores (Jeremías 17:9), el haber fallado a otros. Se necesita el perdón en estos casos así como el auto perdonarse. El perdón es la base para una relación duradera (1 Juan 1:8,9; Efesios 4:32). “Dos personas incapaces de perdonar no pueden durar una vida juntos” (D Mace).
c) marcas por crisis acumuladas: crisis tras crisis llevan a la depresión, irritabilidad. Perdidas de seres queridos, planes fracasados etc. Llevan a un cansancio que afecta el comportamiento. Un trato comprensivo y estimulante pueden ayudar a salir adelante.

Estos tres factores vienen muchas veces acompañados de inmadurez emocional debido a situaciones presentes o pasadas (egoísmo, complacencia de los padres etc.). El ejemplo de Cristo en Fil 2:9-11 ayudara a vernos con humildad y a ponernos en servicio a otros.

Factores culturales:
a) machismo: el hombre latino asume la máxima y total autoridad en el hogar. Autoritario y egoísta. Exige pero por lo general no dan ejemplo de responsabilidad y reciprocidad. El machismo no debe tener cabida dentro del corazón del hombre cristiano. Mr 10:44-45; Efe 5: 25-28. Hay que buscar del Espíritu y de la mente de Cristo para no dejarse llevar por las costumbres y estereotipos heredados.
b) celos: otra característica destacada dentro de los latinos. El machismo engendra celos de ambas partes. La mujer criada como niña en un ambiente de infidelidad genera un sentimiento de inseguridad y ve en todos lados amenazas (reales o no) a su estabilidad personal o familiar. El celo puede llevar hasta la violencia física. No hay otra área de conflictos donde se necesite mas sabiduría, mas del perdón, de la comunicación que en esta de los celos.
c) liberación femenina: es en muchos casos el reverso del machismo y busca la “igualdad” de los sexos. Esta tendencia mal enfocada trae más tensiones que armonía a la pareja. d) relación con los respectivos padres: el machismo lleva a la ausencia del padre de las tareas del hogar en especial en la crianza de los hijos. Esto hace que la madre establezca un control férreo sobre los hijos, haciéndolos en mucho casos dependientes de ella y esa
dependencia afectara a la relación con su futura esposa. “El que se casa, casa quiere”. Cada pareja debe anhelar establecer su propio hogar sin abandonar sus padres pero estableciendo pautas a esa relación. (Gen 2; 24, Mat 129:5; Efe 5:31).

Factores en la experiencia personal:
a) sexo: los conceptos y trasfondos que sobre el sexo se traen a la relación son causa frecuente de conflictos en la pareja. En el mundo moderno, donde el sexo es tan divulgado, comercializado y deformado, se presentan diferentes perspectivas y vías para la satisfacción sexual personal que muchas veces implican egoísmo y hasta humillación de la pareja sin tener en cuenta uno de los principios básicos para la estabilidad matrimonial: la búsqueda de la satisfacción no tanto de uno mismo como la de su pareja. Si ambos lo ponen en práctica los resultados serán positivos.
b) economía: uno de los factores que más influyen en el fracaso de los matrimonios es lo relacionado con la economía familiar. A mayores expectativas económicas, sean necesarias o no, mayor necesidad de trabajo, más tiempo separados, mas conflictos acumulados. Lo mejor es crear un presupuesto aceptado por ambos y ponerlo en la práctica. Es también aconsejable que se pongan de acuerdo en las prioridades económicas y establezcan un orden para ellas así como un fondo común para las necesidades familiares.
c) religión: diferentes tradiciones religiosas, diferentes niveles de espiritualidad crean serios conflictos. La meta en estos casos será la restauración, Gálatas 6:1.
d) tiempo libre: diferencias entre los gustos personales (deportes, ir de tiendas) y las necesidades de compartir como familia (estar juntos, compartir con los hijos). Recordar que proximidad no significa intimidad.

Como manejar y resolver conflictos
La comunicación entre la pareja y en el hogar es vital a la hora de resolver conflictos y evitar que estos escalen a un nivel más perjudicial aun.
Algunos consejos al respecto:
1) Ataque el hecho, no a la persona: no es bueno decir; “eres un regado”, más bien: “el desorden me irrita”. (Prov. 15:1, 1 Pedí 3:10,11).
2) Sepa perdonar y pedir perdón: El propio Señor nos da el ejemplo al estar dispuesto siempre al perdón. También debemos aprender a perdonarnos a nosotros mismos (“las cosas viejas pasaron”). Es clave decir “lo siento” en el momento necesario y proponerse no caer de nuevo en el mismo error. (Prov. 17:9; Stgo 5: 16).
3) No viva en el pasado: traer el pasado al presente afecta la intimidad y la confianza. Cada situación en la vida es diferente en sí misma y traer experiencias o dichos del pasado, en especial los negativos o que provocaron disputas, no siempre ayudan en el presente. Col 3: 13, 1 Ped 4:8.
4) Controlar el enojo, buscar la paz: es inevitable a veces estallar pero debe siempre mantenerse el respeto y no usar jamás la violencia. Aun un estallido puede ser útil si es controlado con el dominio propio. (Efe 4:26; Col 3:15).
5) Seleccione el tiempo y el lugar para discutir sus diferencias: evite discutir con la cabeza caliente pues aumenta el peligro de que el asunto se vaya de sus manos a una situación más desagradable y peligrosa. Escoja el momento y lugar adecuados, evite testigos innecesarios, pero no evada el problema, sino enfréntenlo con palabras pensadas y adecuadas. Prov. 15:23, Prov. 25:11.
6) Vaya a la raíz del problema: no de vueltas en lo exterior (ese gesto, esa palabra), sino exprese claramente cómo se siente (humillación, celos, inseguridad). Exprese su verdad en amor y con claridad, sin exageración o dramatización. Efe 4:15,25.
7) No transfiera su ira a otros: muchas veces los hijos son víctimas de las iras de un padre contra otros. En vez de la agresión busque una vía de expresar amor y “ascuas amontonaras sobre su cabeza” (Rom 12:21).
8) Escoja que pelea echar: a veces son insignificancias las que deterioran una relación. Aquí se esconde el deseo de controlarlo todo. No tumbe una mosca con un cañón pues es mejor un comentario mesurado sobre algo que le disgustó que una gran algarabía por algo pasajero. Prov 19:13.
9) No aplaste o anule al otro: puede ganar una escaramuza pero perder la guerra. Aprenda a usar justamente la presión, la razón y la persuasión evitando el chantaje en especial con el silencio, el dinero o el sexo. 1Ped 2:23; Gal 6:1.
10) Acepte puntos de vista diferentes: no siempre tenemos toda la razón y hay un poco de verdad en cada posición. A veces se nos nubla el entendimiento y no razonamos otros puntos de vista posibles. El que cree que se lo sabe todo o siempre quiere salirse con la suya atrae hacia si repulsión aun en su familia. Efe 4: 2; Fil 2:1-4.
11) Muestre a los hijos como se resuelven los conflictos: que no sean solo testigos de las discusiones y peleas, sino de la forma en que estas se resuelven y la etapa de la reconciliación, dándole énfasis a que el amor y el respeto mutuo pueden ayudar a superar cualquier diferencia.
12) Oren juntos frente al conflicto: busquen la sabiduría en La Palabra y no usen este momento para hacer críticas o culpar al otro sino para buscar la paz en el Espíritu. Stgo 5:9,13, 15,16.
13) Busquen ayuda de ser necesario: el pastor, líder espiritual, un consejero profesional pueden guiar en el camino en la resolución del conflicto y la restauración.

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