La Verdadera Navidad

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LA VERDADERA NAVIDAD
Samuel D. Miranda

¡Ha llegado la temporada más feliz del año! Al menos eso piensan millones de personas alrrededor del mundo que celebran la navidad. Luces, regalos, comidas y fiestas son en esta época muy comunes en muchos de nuestros hogares. Los centros comerciales se engalanan con arbolitos, lazos y música navideña. La televisión  transmite comerciales donde Santa Claus y su trineo son protagonistas. Por lo general la gente sonríe amigablemente y se respira una especie de ambiente único e irrepetible donde las nevadas y el fin de año también aportan su toque mágico. Sin embargo, no podemos tapar el sol con un dedo. Cada vez la celebración de la navidad se va diluyendo más y más en el materialismo, la vanalidad y la idolataría. Jesús ha dejado de ser el único protagonista de esta celebración y la iglesia desesperada intenta “rescatar la navidad” a como dé lugar. Surge entonces una pregunta: ¿qué podemos hacer?Algunos cristianos  prefieren no celebrar la navidad  alegando que la biblia no nos exhorta a hacerlo, que la fecha en la que tradicionalmente la celebramos no es históricamente correcta y  además que muchas de sus costumbres y símbolos tienen un orígen pagano. Por su parte otro grupo de creyentes plantea que la venida de Cristo  al mundo es un acontecimiento tan especial y único para la humanidad que sin lugar a dudas merece ser recordado de una manera muy especial.

Más allá de cualquier otro análisis que podamos hacer hay una gran realidad que no podemos evadir: aún cuando la iglesia decida no celebrar la navidad, el mundo seguiría haciéndolo y tristemente degradando aún más su ya herética versión. Es entonces cuando no nos queda otro remedio que comprender que es la iglesia, por medio de su mensaje y testimonio  la solución a este problema.

La Palabra de Dios nos deja bien claro que los cristianos somos la luz del mundo. Por supuesto, la luz que poseemos no es propia, sino la de Cristo que mora en nosotros, y tenemos la misión de reflejarla a través de nuestras vidas. No es difícil entonces concluir que este mundo anda a oscuras no por culpa de las guerras, del hambre o de los políticos, sino porque lastimosamente la iglesia no está brillando lo suficiente.

Sí, la iglesia de Jesucristo ha cedido ante el mundo y sus patrones, incumpliendo de esta manera Romanos 12:2, pasaje que nos exhorta a no “conformarnos (amoldarnos) a este mundo”.  Así las cosas muchos de nosotros  nos hemos conformado con sumarnos a la celebración secular de la navidad que este mundo poco a poco nos ha impuesto. Decoramos nuestras casas con arbolitos y luces de colores, le compramos regalos a nuestros hijos haciéndoles creer que fue Santa Claus quién se los trajo, celebramos fiestas familiares  y regalamos con alegría frases de “feliz navidad” a todo el que nos pasa por delante. ¿Qué hay de edificante y santo en estas costumbres? ¡Absolutamente nada!. Jamás podremos impactar a este mundo simplemente  sumándonos a sus vanas tradiciones aún cuando éstas luzcan atractivas y agradables.

Algunos hasta creemos que invitar a nuestros amigos a la iglesia en esta fecha o incluso hablarles del nacimiento de Cristo es la esencia de la navidad. De esta manera ignoramos que limitar nuestra navidad a contar la tierna historia del niño Jesús que nació en un pesebre rodeado de sus padres, pastores y animales sería algo así como leer el prólogo de un libro sin echarle un vistazo al resto de su contenido.

Por tanto, no podemos celebrar la Navidad sin el sacrificio de Cristo en la cruz, sin su muerte y resurrección, sin su ascención al Cielo, sin su promesa de una segunda venida y sin la esperanza de una Vida Eterna destinada a todos los que hayan sido redimidos por la sangre del Hijo de Dios. ¡Ese es el verdadero mensaje de la Navidad que los cristianos debiéramos proclamar a los cuatro vientos cada día de nuestras vidas y no solamente en el mes de diciembre!

Aprovechemos pues el resto de ésta temporada navideña que nos queda por delante para reenfocar nuestra vida y nuestro mensaje. No nos conformemos con ser partícipes de tradiciones bonitas pero superficiales. Recordemos que el pesebre de Belén no otorga Vida Eterna. Prediquemos en esta Navidad como en cada instante de nuestra existencia el Evangelio de Jesucristo y vivamos de tal manera que seamos consecuentes con nuestro mensaje.

 

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