Inversionistas Espirituales

Inversionistas Espirituales
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INVERSIONISTAS ESPIRITUALES.
Samuel D. Miranda

Es prácticamente imposible que en cualquier familia actual la palabra crisis no sea mencionada al menos una vez al día. Todos se preocupan por la escasés económica, por el desempleo, por el alza de la gasolina y por el encarecimiento tan vertiginoso de la vida. Pero a pesar de todo esto no son pocos los hombres de negocios que han arriesgado su dinero en medio de este caos financiero y han obtenido con éxito jugosas ganancias económicas, dando muestras así de ser unos excelentes inversionistas. Para ellos la crisis no ha sido un obstáculo.

Sin embargo muy pocas personas asocian la palabra “inversión” con el plano espiritual y cuando la oyen solo piensan en dinero y en recursos materiales. ¿Por qué será?¿Acaso no vivimos en un mundo que muestra también una profunda crisis espiritual?¿Pudiéramos hablar entonces de “inversionistas espirituales”? ¿Habla la Biblia sobre este tema?.

Cuenta el capítulo dos del Evangelio de Lucas que a la edad de doce años Jesús viajó a Jerusalén con motivos de la celebración de la Pascua. Ya de regreso a Nazaret sus padres lo perdieron de vista, lo que hizo que éstos regresaran a buscarlo. Tres días después, desesperados, José y María hallaron a su hijo en el templo dialogando con los doctores de la ley mientras decenas de personas que lo escuchaban quedaban maravilladas de su inteligencia y conocimientos. Pero el colofón de este cautivante episodio fué la respuesta que el joven Jesús dió cuando sus padres al encontrarlo le declararon su angustia por lo sucedido: ” ¿no sabíais que en los negocios de mi Padre mes es necesario estar?”.

Jesús desde su infancia no solo comprendió lo importante que era dedicarse a los negocios de su padre celestial sino que más aún, hacerlo era necesario, imprescindible, indispensable. El sabía que solo fortaleciendo su espíritu a través de un vínculo cada vez más estrecho con Dios podría enfrentar con éxito las asechanzas de Satanás y cumplir a la perfección su ministerio en esta tierra. Como resultado “Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres”. Sin dudas acercarnos más a Dios y hacer su voluntad cada día es la mejor decisión que podemos tomar los cristianos.

En cierta ocasión, después de una larga jornada de predicación entre los samaritanos, los discípulos instaron a Jesús a dejar a un lado su labor evangelística para comer y retomar fuerzas. Sin embargo para asombro de todos Juan 4:34 nos cuenta que “Jesús les dijo: mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra”. Este no fue un episodio aislado en la vida de Cristo, sino un principio que caracterizó todo su ministerio. ¿Cuántas veces nuestro Salvador no le robó horas al sueño para dedicarle tiempo a Dios, hablar con El y pedir su guía? ¿No elogió Jesús a María por haber decidido escuchar sus enseñanzas en vez de afanarse como su hermana Marta en los quehaceres de la vida diaria? ¿Acaso Jesús no se despojó de su propia gloria celestial por tal de cumplir su misión redentora aquí en la tierra? ¿No prefirió pasar hambre en el desierto antes de convertir las piedras en pan y ceder así a la tentación de Satanás?.

Cristo jamás dejó de priorizar las cuestiones espirituales por encima de las materiales, y ni siquiera sus necesidades físicas pudieron hacerle cambiar de idea. ¿Quiere esto decir que debemos despreocupar la salud y el bienestar económico de nosotros y de nuestra familia para
exclusivamente dedicarnos a los asuntos espirituales?. ¡De ninguna manera! Dios quiere que cuidemos nuestro cuerpo, que es templo del Espíritu Santo y que proveamos a nuestra familia de lo necesario para vivir. Pero El desea sobre todas las cosas que seamos capaces de comprender que no hay inversiones más provechosas, sabias y necesarias que las espirituales, y que si hacemos esto El se encargará de proveernos todo aquello que materialmente necesitamos. Mateo 6:33 reafirma este criterio: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”.

Desgraciadamente la mayoría de las personas, víctimas de las artimañas de Satanás e ignorantes de las promesas de Dios prefieren invertir sus recursos, tiempo y esfuerzos en los asuntos materiales de esta pasajera vida terrenal, y no en la extensión del reino eterno de Dios. Gálatas 6:7-8a nos declara cuál será el resultado de tal comportamiento: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción”.

No lo dudemos, tarde o temprano todo lo materialmente palpable que hayamos obtenido en este mundo perecerá. Nuestro cuerpo se convertirá en polvo, nuestros títulos universitarios serán historia, las riquezas que hayamos almacenado sean muchas o pocas pasarán a manos de otras personas y más aún, algún día serán consumidas por el fuego que destruirá al final de los tiempos esta tierra que habitamos. Pero termina diciendo el pasaje: “mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna”.

¿Es nuestra relación con Dios y nuestro servicio a El simplemente parte de nuestra agenda, o lo primero en nuestra vida? ¿Priorizamos en verdad las inversiones espirituales? ¿Tememos acaso entregarle más de nosotros a Dios por miedo a que nuestra área de confort se pueda ver afectada?. La invitación está hecha: si hasta el día de hoy hemos despreocupado nuestra vida espiritual, más nos vale no solo retomarla sino también priorizarla. Dios espera que en medio de esta crisis que nos rodea, se levanten “inversionistas espirituales” que sepan cosechar grandes ganancias en los negocios de nuestro Padre Celestial.

Pub: 03/07/2012

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